Estrategias de guerra
Declarada la Independencia Argentina –en rigor, “de las Provincias Unidas en Sudamérica”, el 9 de Julio de 1816–, decisión política y jurídica en la que San Martín tuvo un papel insistente y relevante; las fuerzas libertadoras podrían cruzar los Andes no como un “grupo rebelde alzado en armas” sino como el ejército de una nación soberana que había roto vínculos con el monarca español Fernando VII.
La lucha que ya venía librándose desde 1810, y que cobró impulso a partir de la decisión del Congreso de Tucumán en 1816, era entre dos concepciones diametralmente opuestas: por un lado, la absolutista, que bregaba por mantener un mundo de súbditos obedientes y conformistas; por otro, la del poder limitado, que promovía la existencia de ciudadanos libres, formados en la cultura, las artes, las ciencias y la búsqueda del saber. La columna central del despotismo era la ignorancia y debía ser vencida por el Ejército Libertador y, luego, por los libros.
La hazaña se desarrolló en un contexto muy difícil. En Europa, vencido Napoleón Bonaparte, se había reimplantado el absolutismo en casi todo el continente. De los focos revolucionarios en Sudamérica, sólo el nuestro permanecía en pie. Fernando VII, restaurado en su trono, pretendía terminar con la “insurrección” y volver a sojuzgarnos por medio del yugo absolutista. El haberse animado San Martín, sus hombres y los pueblos de medio continente a continuar adelante con la lucha habla de su voluntad por mantener en vigencia “el grito sagrado” de la Libertad desde ese momento y para siempre.
El cruce, como queda dicho, formaba parte de un esquema libertador integral: el Plan Continental, que tenía los siguientes objetivos:
- Crear y organizar un ejército en Cuyo y desplegar espías a lo largo de la Cordillera de los Andes con vistas a obtener información de inteligencia propia y confundir al enemigo realista (guerra de zapa). Esto ocurrió entre 1814 y 1817.
- Cruzar los Andes, liberar Chile y proclamar su independencia definitiva. Mientras tanto, Martín Miguel de Güemes y sus gauchos hostigarían a las fuerzas realistas en el que fue teatro de operaciones natural del Ejército del Norte: el Alto Perú. Esto ocurrió entre 1817 y 1818.
- En una operación anfibia, desembarcar en Perú con el objeto de ocupar Lima, liberar al país y declararlo independiente. Esto ocurrió entre 1818 y 1821
- La parte del Plan que no se pudo cumplir: el Ejército del NorDeclarada la Independencia Argentina –en rigor, “de las Provincias Unidas en Sudamérica”, el 9 de Julio de 1816–, decisión política y jurídica en la que San Martín tuvo un papel insistente y relevante; las fuerzas libertadoras podrían cruzar los Andes no como un “grupo rebelde alzado en armas” sino como el ejército de una nación soberana que había roto vínculos con el monarca español Fernando VII.
La lucha que ya venía librándose desde 1810, y que cobró impulso a partir de la decisión del Congreso de Tucumán en 1816, era entre dos concepciones diametralmente opuestas: por un lado, la absolutista, que bregaba por mantener un mundo de súbditos obedientes y conformistas; por otro, la del poder limitado, que promovía la existencia de ciudadanos libres, formados en la cultura, las artes, las ciencias y la búsqueda del saber. La columna central del despotismo era la ignorancia y debía ser vencida por el Ejército Libertador y, luego, por los libros.
La hazaña se desarrolló en un contexto muy difícil. En Europa, vencido Napoleón Bonaparte, se había reimplantado el absolutismo en casi todo el continente. De los focos revolucionarios en Sudamérica, sólo el nuestro permanecía en pie. Fernando VII, restaurado en su trono, pretendía terminar con la “insurrección” y volver a sojuzgarnos por medio del yugo absolutista. El haberse animado San Martín, sus hombres y los pueblos de medio continente a continuar adelante con la lucha habla de su voluntad por mantener en vigencia “el grito sagrado” de la Libertad desde ese momento y para siempre.
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